EL
RUGIDO DEL SOL.
Al igual que las copas, cuando uno tiene el atrevimiento de decir la
ultima, se refiere más bien a la penúltima.
He padecido los recovecos de desesperación que te regala la oscuridad
de esta ciudad, permanentemente bajo su bruma y su gris monótono,
agotador. Durante el invierno Londres permanece dormido, las horas de
luz son escasas. Eso va impregnando a la masa de mortales, dentro de
la
que me incluyo, de una resignacion, donde la única motivacion
posible
es dejarse deleitar por una buena session de la tendencia más
In. Otra
opción es saborear lentamente ese momento de lluvia outside mientras
te
encuentras echado en la cama. El día es ajeno en esta temporada.
Todo es
una interminable tarde.
De pronto, sin avisar, con la brusquedad característica de esta
metrópolis, el sol ha salido de manera voraz, no paraba de invocarlo
y
ahora lo tengo desde las cuatro de la madrugada faltándole el
respeto a
mi sueño , imposible luego de conciliarlo, pues los rayos se
cuelan por
cualquier punto. Con este fenómeno he indagado otro lugar dentro
del
mismo, otro color, otra vision. Una ciudad repleta de escondites en
los
que perderte, he averiguado nuevas formas y contornos en los edificios.
Londres, como si se tratase de uno oso ha despertado para vivir bajo
la
luz nítida, que ha conseguido iluminar otro espectáculo
centrado en la
mismísima calle y no en los tipicos musicales, que nos torturan
cansinamente a los "locales" con sus carteles por todos los
autobuses y
zonas concurridas de turistas.
Trafalgar square ha recobrado un sabor étnico, por un lado danzas
propias de la India, vestigio del colonialismo, y por el otro lado
brasileños practicando sin escrúpulos su fusión
de arte marcial y danza
ancestral “la capoeira”. Asombra la suavidad de sus movimientos,
esa
armonía corporal en gestos imposibles de hacer.
Los ingleses no son ajenos a esta llegada estival, por eso mismo
recientemente los uniformes de la guardia Real han sido cambiados por
los rojos clasicos que tan bien reflejan las postales, y el Gran Slam
de
Wimbledon ha comenzado, con todo su abolengo y esa hierba mimada hasta
unos extremos que parece de mentira... El pasado Viernes precisamente
coincidí en un restaruante de Gloucester Road con el recien camopeón
de
Roland Garros, Rafael Nadal . Tuve la oportunidad de preguntarle la
razón de jugar con esa indumentaria –pantalones pirata
y camiseta sin
mangas- tan terriblemente horrorosa y enemiga del estilo señorial
que
desde sus ancestors acompañó al deporte del tennis, con
doble "n"
haciendo gala de mi snobismo. Aún asi no encontré el momento.
Lo adulé,
entiéndanme, el león de Palma lo merecía.
El rugido del sol me ha pillado despistado mirando a España por
razones
que sólo algunos conocen, y me está incordiando cada mañana
con sus
destellos y el ruido incesante de los aviones que oigo por la necesidad
de dormir con las ventanas abiertas.
Ya había olvidado ese chillido visual del astro.
A I. G.P por acompañarme al alba. Solamente a ti..