|
Dirección
y Producción: Alfred
Hitchcock. Título
original:
Psycho.
Intérpretes: Anthony
Perkins, Janet Leigh, Vera Miles, John Gavin, Martin Balsam y John
MacIntire.
Año de producción: 1960.
Guión:
Joseph Stefano.
|
|
Año
1960. Tras una excepcional década, probablemente la más fructífera
de Hitchcock, el cineasta inglés se lanza al descubrimiento de un
nuevo género dentro de su filmografía: el terror. Una vez que ya
ha demostrado sus sobradas virtudes en los dramas de suspense, los
thrillers psicológicos, las tramas de espionaje e incluso en las
comedias negras, un nuevo campo cinematográfico se abre ante él a
comienzos de los sesenta. Una vertiente desconocida del lenguaje fílmico,
totalmente ajena a obras anteriores, que le ofrece la posibilidad de
desplegar innovadores métodos y descubrir sorprendentes reacciones
en el espectador.
El público, conocedor de la magia hitchcockiana, se
convierte en “Psicosis” en una víctima horrorizada por las
nuevas dimensiones que el suspense va a alcanzar en el aclamado film
de Hitchcock.
La primera verdadera incursión del director de “Extraños
en un tren” en la tierra del miedo será a la postre su obra más
rentable (costó 800.000 dólares y recaudó más de trece millones)
así como uno de los grandes mitos cinematográficos de la historia.
Cuyas secuelas nunca le hicieron justicia.
Un año
antes, “Con la muerte en los talones” había cerrado una etapa
en su carrera de gran importancia argumental y estética. La narración
de Hitch necesitaba pasar página y apostar por nuevas experiencias
a la hora de contar historias. Si bien se mantendrán más adelante
características propias de su cine: el humor (“La trama”), la
falsa culpabilidad (“Frenesí”), el espionaje internacional
(“Cortina rasgada” y “Topaz”) y la psicología humana (“Marnie,
la ladrona”), en “Psicosis” se destapa una crueldad, expuesta
con macabro esplendor, nunca vista en Hithcock antes. ¿Cómo
debieron sentirse los espectadores de aquella época al ser testigos
de un film de tan aterradora violencia? ¿Al ser convertidos en partícipes
y por tanto cómplices de un asesinato a sangre fría?
|
|
|
Hitchcock juega y disfruta con el público y mueve su atención con
trucos maestros. Deja hueco para el engaño, la persecución de la pista
falsa, la sorpresa radical, la angustia a favor del asesino. Y deja a un
lado cualquier connotación cómica; “Psicosis” fulmina el humor
hitchcockiano y toma partido por la brutalidad, el voyerismo sexual, por
sacar a la luz el lado más perverso, desconocido y salvaje del ser
humano. |

|
|
Marion
tomando una ducha. |
La
simbología cobra una importancia suprema (la taxidermia, animales
disecados como decoración...), así como los espacios en los que se va a
desarrollar la acción, convirtiendo el desolado Motel Bates, la fantasmagórica
casa de la colina, la habitación, la ducha, el vehículo, el dinero
robado, en personajes secundarios de la trama. Oscuros objetos inanimados
que condicionan y determinan el destino de los protagonistas. Y más allá
de todo esto una estructura de guión y narración rompedora que Hitchcock
maneja con diferentes niveles de intensidad, dotando a cada plano de un
significado ejemplar, estudiando todas las posibilidades que el nuevo género
encontrado podía ofrecer.
Así
pues nos encontramos con un arranque que plantea un primer conflicto que,
más adelante, se muestra fundamental: el sexo. Marion Crane (Janet Leigh)
y su novio Sam Loomis (John Gavin) están medio desnudos en una cama. Sus
furtivos encuentros sexuales mueven a ella a cometer un robo en la empresa
para la que trabaja. En su huida (proceso que Hitchcock alarga
intencionadamente con la aparición del policía, la compra del nuevo vehículo...)
Marion acaba en un apartado motel regentado por un misterioso joven,
Norman Bates (Anthony Perkins). Arriba, en la colina, se eleva la
majestuosa mansión donde una mujer en la ventana (la madre de Norman)
comienza a dotar de incertidumbre el desértico paraje.
Tras una conversación
con Norman, la chica parece retractarse de su acto y dispuesta a devolver
el dinero, pero la perversidad de Hitchcock siega su destino en la emblemática
secuencia de la ducha. Un Norman vicioso, que observa desde un pequeño
agujero en la pared a Marion desnudarse (segunda muestra de voyerismo
sexual de la película) es la antesala del horror, el inicio de un
devastador asesinato por parte de la celosa madre quien ve en la inocente
chica una amenaza que debe ser eliminada.
|
|
Han
transcurrido treinta minutos de metraje y Hitchcock ha destruido a la
estrella protagonista, sembrado de pánico al espectador, cuya sorpresa y
confusión ante el crimen incrementará su interés en futuros
acontecimientos. La maquinaria hitchcockiana ha logrado desestabilizar el
concepto de suspense y terror, cebándose con grandiosidad en la ejecución,
llevando al público a descubrir junto a Norman la morbosidad del voyeur e
inculpándole en el delito. No se trata de una pirueta argumental, es
aplicar el horror a partir de la calma creada.
|

|
|
Norman
espía a la chica mientras se desnuda en su habitación.
|
|
Llegados
a este punto la desconfianza ante la figura de Norman se convierte también
en simpatía, en una lógica solidaridad humana por la desproporcionada
influencia materna. Hitchcock logra acercarnos al personaje, sudando
cuando borra las huellas del crimen, compartiendo su angustia cuando el
coche no termina de hundirse en el pantano..., es decir, no ha
transformado en cómplices del crimen. En ejecutores indirectos de la
cruel acción.
Desde aquí en adelante se abre paso la investigación policial que llevan
a cabo Sam y la hermana de Marion (Vera Miles) que, como es habitual en su
cine, ejerce de contrapunto al verdadero enigma del film: la madre.
El asesinato debe ser resuelto y el director deja paso al proceso de
indagación plagado de nuevas sorpresas, algunas generadas por una simple
necesidad de romper las posibles especulaciones (la revelación del
sheriff cuando afirma que la madre de Norman lleva años muerta); otras
para incrementar el elemento terrorífico (el asesinato del detective
Arbogast, Martin Balsam); y otras ocultas, perfectamente encubiertas en la
dirección de Hitchcock, cuyo fin es esconder el misterio apoyándose en
el aspecto visual (ejemplo del maravilloso travelling de las escaleras de
la casa y la discusión en off que logra desviar nuestra atención de la
verdadera intencionalidad: no mostrar a la madre).
El desenlace de “Psicosis” descubre el enigma. Aparte del excesivo
discurso médico por parte del psiquiatra, Hitchcock ya ha destapado el
horror de la verdad, ha desenmascarado a Norman y ha desnudado su compleja
personalidad. El personaje de una madre, presente en obras diferentes y
con distintas magnitudes (desde la
dominadora Sra. Sebastien de “Encadenados”, pasando por la cómica
burguesa Sra. Steves de “Atrapa a un ladrón” y llegando a la Sra.
Edgar de “Marnie, la ladrona”), alcanza en “Psicosis” una dimensión
de dramáticas consecuencias. Un personaje fantasma, como lo fueran Rebeca
o Carlota (“Rebeca” y “Vértigo”), capaz de dominar la mente
humana desde un plano casi sobrenatural, desde la aterradora psicología
de un hombre atormentado por un trauma pasado.
“Psicosis”, además de ser un excepcional trabajo de estilo y forma,
de acción y reacción empleando al público como un títere en las manos
dominantes de Hitchcock, fue la quinta y última nominación al Oscar al
Mejor Director del cineasta. Y fue la quinta y última vez que le fue
negado un premio que pocos genios en la historia del cine han merecido más
que él.
rodrigo martin
antoranz
 |
 |
 |
 |
|
Norman
(A. Perkins) descubre los terribles actos de su madre. |
El
inicio del crimen. |
El
cartel del Motel Bates, con habitaciones libres. |
Setenta
emplazamientos de cámara para rodar la secuencia de la ducha. |
|