Dirección y Producción: Alfred Hitchcock. Título original: Rear window. Intérpretes: James Stewart, Grace Kelly, Thelma Ritter y Raymond Burr. Año de producción: 1954. Guión: John Michael Hayes. 

 
Como ya he comentado en "Crimen perfecto" creo que existe en la obra de Hitchcock una etapa de preciosismo técnico y ejercicios complejos. Desde la realización de "La soga" (1948), su primer film en color, se altera la preocupación por el dominio mecánico del thriller convencional. Dejando a un lado "Atormentada", se encuentran tramas policíacas como "Pánico en la escena" o "Extraños en un tren"; después dos de los ensayos más apasionantes al que habría que unir el primer título citado "La soga": son "Crimen perfecto" y "La ventana indiscreta". 

    Es evidente que en 1954, Hitchcock ha llegado a conocer plenamente el medio cinematográfico y es consciente de sus posibilidades. Su dominio del juego de planos, ángulos y movimientos le han convertido en un mago del ingenio que gusta de cuestionar su habilidad creando cada vez situaciones más inversímiles. "La ventana indiscreta" supone la cima del virtuosismo de la puesta en escena hitchcockiana. Y lo es básicamente porque lleva hasta sus últimas consecuencias un elemento escénico que Hitchcock ha llegado a dominar: la relación de personajes en un espacio cerrado. Vienen a la memoria títulos a este respecto como "Náufragos" (1943), "La soga" (1948) y "Crimen perfecto" (1954). La balsa de los náufragos en el primero, el apartamento malicioso del segundo y la casa londinense del tercero no son comparables a la gama de diferentes mundos concentrados en esa pequeña localidad neoyorquina de "La ventana indiscreta". Y es que Hitchcock ha creado un nuevo lenguaje fílmico que no se basa en el plano subjetivo o el totalmente objetivo, sino en el plano presente, en el acompañante del protagonista.  

    Para el fotógrafo escayolado Jeffries (James Stewart) su aislamiento del mundo por incapacidad física es un vehículo para manifestar un voyerismo claro, del que será partícipe, de manera inevitable, también el espectador. El entretenimiento inocente de este hombre cuyo trabajo se basa en el sentido de la oportunidad es el móvil perfecto para la obsesión del Hitchcock buscador de fantasmas cotidianos. Las ventanas, pantallas que no son sólo los complementos de la acción que se desarrolla en ellas, sino las visiones cargadas de ironía del comportamiento social americano. 

Jeffries y Lisa investigan una extraña desaparición.

 

    Vemos como en el planteamiento cinematográfico de "La ventana indiscreta", Hitchcock no se ha desviado extraordinariamente de concepciones anteriores y que su análisis de costumbres, su fino sentido del humor y su mente buscadora de lo cruel o lo fatídico están presentes de una manera clara. 

    Lo que sucede con "La ventana indiscreta" es más un problema de forma que de contenido, una nueva concepción dela puesta en escena basada en el dominio de la complejidad. Decía Bazin, crítico realista francés, que en la película se aprecian claramente tres historias en una: el tema sexual, el de índole social y la mera intriga policíaca. En su análisis se inclinaba por los grandes logros de la primera, sobre todo en las relaciones entre Jeffries (Stewart) y Lisa (Grace Kelly), apoyados por la exhibición continua de la bailarina, o los recién casados de puertas cerradas. el segundo se sostenía en base a las biografías parciales de los vecinos (la solterona ilusa, el pianista desesperado, el matrimonio que duerme en la terraza...). Las pinceladas cargadas de sorna de Hitchcock en este apartado eran un hábil elemento de distracción y al mismo tiempo de fortalecimiento del motor dramático. Bazin parece estar identificando cada ventana con una forma de vida distinta. En tercer lugar, quedaba encuadrada la acción motriz; el misteriosos crimen de un marido harto de su quejicosa esposa. 

 

    En la evolución del film hemos ido aprendiendo a convivir con ese fotógrafo aislado, voyeur obligado, así como hemos asimilado su obsesión, su inquietud o su inconformismo. El doble juego de Hitchcock, es decir observación-identificación, es una treta que envuelve al espectador incapaz de salir de la habitación pero a la vez introduciéndose en muchos lugares. El ejercicio escénico del director cobra una eficacia brutal y se encamina hacia la revolución del tratamiento del medio. Con Hitchcock, como con Welles y algunos discípulos posteriores, el cine ha conocido la más variada tipología de articulación y planificación; desde el supreo dominio del plano secuencia ("La soga" y "Ciudadano Kane") hasta la desmembración absoluta ("Psicosis" y "La dama de Shangai"). Eran jugadores del medio, sabedores de la baraja cinematográfica.

El presunto asesino (Raymond Burr) reflejado en el objetivo de la cámara.

 

   "La ventana indiscreta" no es fruto de la casualidad, ni de la ambición sin miramientos; fue concebida como una nueva forma de entretenimiento pero conociéndose en todo momento su posible alcance y posterior repercusión.

    En ella está concentrada la más característica magia hitchcockiana, la tensión, el terror por lo cotidiano, el psicoanálisis de la civilización, la perversidad, la plasmación de sentimientos y las relaciones humanas, el ciudadano medio como héroe, las luces, las sombras, los espacios cerrados, la desconfianza, el humor...

   Pero más allá, semioculto en el interés de una planeada acción, está el dominio técnico, la partición de la pantalla en pequeños cuadrados independientes y sin embargo, perfectamente relacionados. Pocas veces Hithcock pensó con tanta maliciosidad como en este thriller basado en la sospecha, en la observación desde la oscuridad de la habitación. Una obra maestra en todos los sentidos que extrae conclusiones precipitadas del ser desquiciado. 

rodrigo MARTÍN ANTORANZ

 

El cameo de Hitchcock de "La ventana indiscreta" es en la casa del pianista.

Stewart, voyeur de la intimidad de sus vecinos.

James Stewart y Grace Kelly en el apartamento del primero.