Dirección: Alfred Hitchcock. Producción: Lord Sidney Lewis Bernstein y Alfred Hitchcock. Título original: Rope. Intérpretes: James Stewart, John Dahl, Farley Granger, Constace Collier y Sir. Cedric Hardwicke. Año de producción: 1954. Guión: Arthur Laurents, Hume Cronyn y Ben Hetch basado en la obra teatral "Rope's end". 

El año 1948 es especialmente importante en la trayectoria cinematográfica de Hitchcock. Por tres motivos esenciales: para empezar decide convertirse en el productor de sus films y crear una compañía que lo soporte (Transatlantic).

            Segundo: Hitchcock se inicia en el color, elemento que se tornará esencial en sus obras posteriores. Y por último: el cineasta inglés decide abordar un ambicioso ensayo técnico, que él mismo gustaba de denominar como “un truco”, al intentar narrar un largometraje apoyado en un solo plano-secuencia.De esta manera nace “La soga”, una obra no muy conocida de Hitchcock y un ejercicio de riesgo estimable.

            Basada en la obra teatral “Rope’s end” (El final de la soga), la acción de la película tiene como único marco el apartamento de un universitario. Un crimen es cometido al comienzo sin previo aviso (un grito basta) y la máquina dramática de Hitchcock empieza a estrechar paulatinamente el cerco de sus consecuencias.

   

    Aparentemente, la pareja de jóvenes asesinos, Brandon y Philip (John Dahl y Farley Granger) han llevado a cabo su desagradable empresa con la intención de experimentar la emoción criminal en sí misma (idea que se vería reflejada de otra manera en su episodio televisivo “Un crimen perfecto”). Más tarde, y según se vayan definiendo sus extrañas personalidades, el espectador va percatándose de que su intención supera al ideal primitivo: crimen como obra de arte o el arte de la destrucción de seres considerados inferiores.

Hitch sentado en una maqueta de "La soga".

 

       

Lo cierto es que la morbosidad expresada por Hitchcock en “La soga” roza en ocasiones el juego tragicómico de acciones y personajes. ¿Qué se debe experimentar al dar una fiesta a los familiares de la víctima, estando éste presente en el lugar donde se lleva a cabo? De momento, tensión, que además se traslada hacia el espectador quien, inmerso en la duda, no termina de tomar partido entre la comedia o el drama.

       La acción se complica con la aparición del sagaz Rupert Cadell (James Stewart) cuyas sospechas introducidas en sabias indirectas y cambios irónicos de tono, desborda la frágil base de la inmunidad por su silencio, enfrentando la emoción del crimen perfecto contra ellos mismos.

      Hitchcock domina con maestría los elementos fundamentales de la trama criminal. Por un lado ese suspense característico que nace de la proximidad de los personajes ajenos a las pruebas esenciales; por otro, el extraordinario manejo de la ironía para mantener la acción en un extraño equilibrio dramático; finalmente, la importancia de una serie de objetos significativos (la soga, el arcón...) ofrecidos en esporádicos flashes con una intención psicológica evidente.

    Pero la intriga deja entrever una resolución fácil, más que nada por la debilidad de quienes deben mantener el secreto. Hitchcock permite aplicar un preciso remate para contribuir a lo insostenible de la acción: la tensión interior entre los dos asesinos. Llega un momento en "La soga" en el que se ha pasado de "un juego inocente" de nuevas experiencias a un infierno cerrado y sin posibilidad de reacción. El estilo narrativo del plano-secuencia, hilvanado como si de una verdadera soga se tratase, contribuye a describir la necesidad de abarcar todo de una forma lineal, atando personajes, objetos y situaciones. No hay lugar para el detalle o el inserto; todo es avance, continuación inevitable de un juego de consecuencias terribles.

     La importancia de "La soga" debe valorarse en su justa medida. Es un hábil ejercicio de narrativa cinematográfica, como lo serían más tarde "La ventana indiscreta" y "Crimen perfecto". Su interés radica en la solvencia que el realizador ha planteado, desarrollado y concluido una situación  de raíces cómicas con derivaciones dramáticas. Hitchcock adora las comedias sobre cadáveres, donde los crímenes se acercan al estado puro de su ejecución sin atenerse a intereses planeados. 

     "La soga", para los perfeccionistas, pudiera ser un "truco fallido", pero Hitchcock no tuvo la culpa del tamaño de las bobinas de entonces que le obligaban a cortar el plano. ¿Quién podría ahora, a la vista de los hechos, negar el logro técnico de Hitch si hubiera dispuesta de una bobina de ochenta minutos de duración? Hitchcok ha usado la técnica, porque siempre fue un hombre más preocupado de la forma de contar historias que por el contenido de las mismas.

     Rodar "La soga" es someterla sin ser dominado; narrar la historia sin que el plano-secuencia copara el protagonismo absoluto. 

rodrigo MARTÍN ANTORANZ

El complejo set de rodaje. Paredes móviles, suelos elevadizos, focos y cámaras.

Hitch explica una secuencia a la dulce Constance Collier.

James Stewart y Hitchcock dubitativos.