Dirección y Producción: Alfred Hitchcock. Título original: Notorious. Intérpretes: Cary Grant, Ingrid Bergman, Claude Rains y Louis Calhern. Año de producción: 1946. Guión: Ben Hetch. 

A mediados de la década de los cuarenta, Alfred Hitchcock había logrado asentarse de manera crucial y  estilística en Hollywood. El nuevo sentido al que había dotado tanto al suspense ("Sospecha", "Rebeca", "La sombra de una duda"...), elevó su categoría e intensidad cinematográfica, convirtiéndole en una de las grandes apuestas de los estudios. 

      Hitch era uno de los más interesantes cineastas del momento, preocupado visionario e investigador entregado a las facultades ofrecidas por el medio; un maestro capaz de variar el rumbo de sus inclinaciones narrativas desde las tramas puramente políticas ("Enviado especial" y "Náufragos") hasta el psicoanálisis freudiano ("Recuerda"). Circula el año cuarenta y seis cuando Hitch y el genial guionista Ben Hetch configuran las primeras pinceladas de lo que sería, finalmente, un punto vital de inflexión en el lenguaje hitchcockiano. Se trataba de  "Encadenados".  Una obra fundamental, de refinado gusto fílmico, cuyos logros visuales y sugerente emotividad plástica la convierten, personalmente, en la mejor y más perfecta realización de su director.

   Se trata de todo un trabajo de exploración narrativa; la lectura cinematográfica tomada como un vehículo de reacción; el descubrimiento del Hitchcock más romántico y despiadado con los sentimientos humanos. 

   "Encadenados" supone un pico elevado en el cardiograma de su carrera. Por un lado culmina la etapa generada desde "Rebeca" y abre paso a una nueva concepción del thriller donde los recursos del color serán su principal cualidad. Del mismo modo ejerce de nexo de unión entre las historias y las características esenciales de su estilo y tratamiento de personajes en los cuarenta y que, más adelante, irán mostrándose en la década inmediatamente posterior. 

   Así, lo que nos descubre en "Encadenados" es una trama de espionaje, de connotaciones políticas, de secretos ocultos que deben ser revelados (como lo fueran el atentado de "Enviado especial" o la convivencia con el soldado alemán de "Naúfragos"). Pero también surge el romance elevado a su máximo exponente, el dolor del ser amado, el sacrificio de la pasión. Hitch abandona la dependencia y conformismo de sus heroínas por el amor no correspondido (casos de Joan Fontaine en "Rebeca" y "Sospecha") o de la excesiva crudeza vista como un mecanismo de defensa ante los hombres (tal y como ocurriese con Tallulah Bankhead en "Náufragos"), ahora el cineasta inglés apuesta por la crueldad de los amantes ante un acontecimiento que los une y que inevitablemente, les va distanciando.

      

 "Encadenados" supondría la segunda colaboración con dos estrellas de la pantalla de gran importancia en su filmografía; un tándem interpretativo que marcó la silueta de futuros personajes. Eran Cary Grant (con quien trabajó en "Sospecha" y más adelante en "Atrapa a un ladrón" y "Con la muerte en los talones") e Ingrid Bergman ("Recuerda" y "Atormentada"); una pareja simbólica, perfecta, entregada a la causa hitchcockiana por cerrar los vínculos de sus próximas creaciones. Él representaba la ironía, la templanza, la sobriedad cómica, de cuya galantería se extrae su poder sobre las mujeres. Ella era la pasión, el esfuerzo, la lucha sentimental por atrapar su destino. 

Alicia y Devlin descubren el uranio escondido en las botellas de vino.

        

Resulta innegable que el profundo dominio de Hitchcock por la narración cinematográfica llegue a transmitir sensaciones cercanas con respecto a sus personajes. La historia de amor entre el agente Devlin (Grant) y Alicia (Bergman) logra sobresalir quizás por encima de la pura dinámica de espionaje planteada. El dilema, aquí mostrado como una elección, arranca con una presentación de personajes peculiar que delimita los márgenes de quien ejerce la influencia sobre quién. A partir de ahí, la relación entre los protagonistas va mostrando sus dos caras: desde la increíble sexualidad escrutada de su mágico encuentro en la habitación de un hotel de Brasil hasta la permisión de que ella se case con un mandatario alemán (Claude Rains) con el fin de recoger valiosa información. Hitch convierte el romance en el vehículo de separación y unión de la pareja; la terrible decisión de encerrar al ser amado junto al enemigo cercando su posibilidad de escape y abandonando su suerte. Porque, como en otras ocasiones, el director comprende que el amor surge de la capacidad de entrega, de la supervivencia ante la adversidad, del sacrificio. 

    "Encadenados" es un film maestro, tanto en los niveles de argumento (y repito que el elemento romántico se alza como el más intenso y conmovedor de la película) como en su faceta técnica. Hitchcock se encuentra con virtudes vistas en su época británica, como los maravillosos travellings explicativos ( "Inocencia y juventud" de 1937), en el suspense paralelo ("Sabotaje" de 1936 y luego en "Extraños en un tren" de 1951) y en las tramas de espías ("39 escalones", "Alarma en el expreso"...). Y en otros descubrimientos de estilo: el personaje de una madre posesiva y dominante ("Psicosis"), la simbología del detalle (la llave, las botellas de uranio, el café envenenado...), la utilización de un plano-secuencia para incrementar la intensidad, el desenlace final y la condena del enemigo a través de una frase ("Frenesí")...

    Solo en "Vértigo", Hitchcock recuperó el aire romántico que desencadenó en este film. Y que sin duda marcó un antes y un después en su concepción narrativa. Una obra maestra desde cualquier ángulo, que desató todas las virtudes y características de su cine hasta el momento y que hizo nacer a un Hitchcock más irónico y preocupado al mismo tiempo por la angustia del amor, la crueldad humana y la capacidad de vencer los inexpugnables obstáculos.

      

rodrigo MARTÍN ANTORANZ

La Sra. Danvers (Judith Anderson), la peor pesadilla de la Sra. Winters (Joan Fontaine).

Hitch y Cary Grant, en un descando del rodaje..

Alicia es envenenada por su marido y la posesiva madre de éste.